rmnoticias.com.mx

Intervención desde tribuna con motivo del 56 aniversario del Asalto al cuartel de Madera, Chihuahua


“Mencionar los hechos sin reconocer los motivos que los originaron es un acto de injusticia.
El 23 de septiembre de 1965 la historia de México vio caer a un grupo de 13 jóvenes comandados
por Arturo Gámiz y Pablo Gómez ante la disciplina, experiencia y armamento militar. Pero, ante
todo, ese día nuestro país vio emerger la figura de aquellos que trabajan por los desposeídos, por
los que menos tienen, también nos enseñó que una patria honesta, generosa y libre tiene que seguir
construyéndose permanentemente.
Con el paso del tiempo suelen olvidarse las razones y quedan solamente los hechos más vistosos,
por eso debemos refrescar la memoria. Puede haber muchas visiones de lo que ocurrió en el asalto
al cuartel de Madera en Chihuahua, pero sobre todo y sobre todas las cosas, debemos entender los
motivos de la desesperación que llevaron a un grupo de jóvenes a ofrecer sus vidas para restablecer
la justicia y la igualdad en nuestro país.
Ante todo, ese movimiento fue una respuesta viva al autoritarismo y ambición de caciques, que no
solamente terminaron con la repartición agraria que impulsó el general Lázaro Cárdenas, sino que
despojaron a miles de campesinos de sus tierras. Vale la pena recordar que en ese tiempo 300
latifundistas eran dueños de 24.5 millones de hectáreas y 100,000 ejidatarios eran dueños de
solamente 4.5 millones de hectáreas, de este tamaño era la desigualdad que dibujaba de cuerpo
entero la rapacidad de algunas oligarquías, que alimentaban su poder con la corrupción al amparo
de un Gobierno represor, que por cierto nunca debe regresar a nuestro país.
La grandes empresas como Bosques de Chihuahua eran Dueñas de las mejores tierras para la
siembra, la ganadería y para la tala de bosques, pero también eran poseedoras de los distritos de
riego en Papigochi, Delicias, Buenaventura y el Valle de Juárez. En pocas palabras, tenían el control
sobre tierras, negocios y hasta de personas. Pero no sólo eran las empresas mexicanas las que tenían
esos privilegios, se entregaron oportunidades de negocio a compañías extranjeras como Anderson
y Clayton, que monopolizó el algodón en la zona rural de Juárez, Chihuahua. Dejando de lado a los
pequeños productores que sucumbían ante la gran empresa y terminaban cediendo su producción
a la transnacional.
Había que hacer un gran esfuerzo y sacrificio para romper con esas prácticas y dar certeza de
bienestar a los mexicanos más desprotegidos, por eso vale la pena recordar a esos 13 jóvenes que
asaltaron el cuartel militar de Madera. A esos que apenas armados con mosquetones, rifles calibre
22 y una escopeta, se enfrentaron a 135 militares, entrenados, que portaban fusiles M1, pero no
nos equivoquemos al juzgar a los soldados, porque ellos actuaron bajo la institucionalidad que
caracteriza a nuestras Fuerzas Armadas.
Así pues, ese puñado de hombres que entregaron su vida por un ideal de justicia e igualdad sirvió
también para sembrar la semilla de un movimiento que abarcó al territorio nacional y que hoy se
encarna en una patria generosa, que nos da oportunidades a todos de una vida digna.
Por eso no podemos seguir cayendo en la provocación de aquellos que, bajo el amparo de la ley de
mercado, lastiman a aquellos que, ustedes y yo, como diputados, estamos obligados a defender a

A %d blogueros les gusta esto: